EditorialPortada

La naturaleza del escorpión

[Cuando el Chanel intenta defender al pueblo]

Hace algunos años, alguien me dijo que había cosas que no cambiaban, que así como el calor dilata los metales y el agua erosiona las piedras, tanto las personas como la política están ligadas a ello. Era la naturaleza del escorpión, nacer para picar, estar determinados por la biología y el entorno.  Se puede traspolar directamente a lo ocurrido en el Concejo Deliberante, donde sin mucha dificultad se pueden comprender las naturalezas y los bagajes que cada edil lleva sobre sus espaldas. Esto no es una crítica, sino una obviedad;  somos estructura, tenemos influencias y defendemos perspectivas.  El problema surge ante la mentira y la contradicción.

No puedo apelar al odio a la política y a sus entramados y años después sentarme en una banca de concejal, no puedo formar parte de una agrupación anti y luego saltar la pared, no se puede quebrantar la historia con falsedades y confundir identidades políticas adrede. No se puede estar colgado de un “apellido” toda la vida para permanecer y transcurrir. No se puede ser de un manera e intentar parecer de otra. No podemos victimizarnos cuando siempre fuiste victimario.  Acá no se critica la política por convicción, si por conveniencia.

Entrar para no perder privilegios, ser designado a dedo sin siquiera comprender las variaciones de la sociedad, vivir en un suelo de matiz europeo sin haber conocido la aspereza del barro, decirse defensor de los humildes y de los ”compañeros” cuando hace algunos meses no pasaban de un lastre necesario. He ahí el verdadero daño a la política. El enraizamiento de décadas, el intento se seguir aunque la vida se acabe, el desprecio escondido tras la bandera del pueblo.

El Chanel no defiende al pueblo. Como todo perfume es un engaño, un aroma pergeñado para enaltecer mentiras y ocultar los aspectos naturales, que con el tiempo se difumina, se pierde, que como el escorpión demuestra su naturaleza.

Fábula

Había una vez una rana sentada en la orilla de un río, cuando se le acercó un escorpión que le dijo, —Amiga rana, necesito cruzar el río, ¿Podrías llevarme en tu espalda? —¡No! Si te llevo en mi espalda, me picarás y me matarás. —No seas tonta —le respondió entonces el escorpión— si te picase, me hundiría contigo y me ahogaría. Ante esta respuesta, la rana accedió. El escorpión se colocó sobre la espalda de la rana y empezaron a cruzar el río. Cuando habían llegado a la mitad del trayecto, el escorpión picó a la rana. La rana, al darse cuenta que iba a morir, le preguntó al escorpión: — ¿Por qué me has picado, escorpión? ¿No te das cuenta de que tú también vas a morir? A lo que el escorpión respondió, – Rana… mi amiga, no lo pude evitar, no tuve elección. Es mi naturaleza.

He aquí los primeros desequilibrios planeados. En base a falacias y discursos pésimamente maquillados y filmados, se ha emprendido una mentira que, como el perfume, de a poco, irá volviéndose una estructura llevada por el viento. El problema es el veneno del escorpión, que a veces causa mucho daño sin una necesidad que no sea maliciosa.

 

Mostrar más

También te puede interesar...

Close